In perpetuum
In perpetuum: Para siempre
Es el nombre que le dedicamos a esta exhibición de piezas que hemos curado y adquirido a lo largo de tantos años para nuestra colección.
Te invitamos a que la disfrutes junto a nosotros y que sea fuente de inspiración para tu próxima pieza.
Tissot Antimagnetique, ca. 1945.
Dial negro con pátina que el tiempo convirtió en algo vivo: reflejos verdosos y dorados que cambian según la luz. Ónice, mármol, musgo antiguo — cada quien ve algo distinto. Numerales arábigos en oro envejecido, agujas de lanza con lume crema original, caja cushion en acero sin pulir. En la esfera, esa palabra de otra época: Antimagnetique. De estos no hay dos.
Omega Speedmaster 145.022 — 1969.
Dial negro con pátina granular, índices virados al oro cálido, agujas con ese amarillo que solo da el tiempo. Bisel taquimétrico intacto, caja sin pulir, bracelet de época. Un Speedmaster que no fue restaurado — fue respetado. El año en que el hombre pisó la Luna. La coincidencia no es menor.
Movado Calendograf, ca. 1950.
Dial plateado con pátina uniforme, numerales arábigos generosos y legibles como solo los cincuenta lo permitían. Día, fecha y mes en perfecta disposición — triple calendario en su expresión más honesta. El puntero del mes en rojo: un detalle diminuto que rompe la paleta con precisión quirúrgica. Caja en acero de presencia noble, correa trenzada gris de época. Un reloj que informa sin presumir.
Omega Speedmaster Mark II, ca. 1969.
Caja tonneau, dial negro, detalles en naranja y rojo — puro lenguaje espacial de los setenta. Agujas del cronógrafo en naranja que no piden permiso. Escala taquimétrica en el dial, subdiales grises con profundidad real. Bracelet integrado de eslabones anchos. El Mark II nunca fue tan famoso como el Moonwatch. Por eso hoy es más interesante.